Filosofía en el cine: Bladerunner
Además de ser una de las mejores películas de ciencia ficción que marcaron un antes y un después en la manera de hacer cine, Bladerunner se convirtió en un largometraje de culto por su explicación filosófica del ser humano. Me explico.
Corre el año 2019 en Los Ángeles. Rick Deckard es un bladerunner, policía del futuro encargado de buscar y eliminar replicantes, máquinas creadas por el ser humano a su imagen y semejanza, que se rebelan contra sus propios creadores.
Aquí está la cuestión, los replicantes luchan contra su destino, la muerte, ya que están programados para morir cuando en su reloj vital cumpla 30 años. Para ello buscan en su lucha como ser programados para hacer desaparecer esta limitación que acabará con su vida, la cual están aprendiendo a disfrutar. En esto, se parecen a los humanos, en su lucha durante los siglos por conseguir la inmortalidad.
En un principio, los replicantes son detestados por su osadía de rebelarse contra sus creadores. Son considerados máquinas, creadas para la utilización y bien del ser humano, y este no puede concebir que un ser humano creado a su imagen y semejanza se rebele contra su propio creador.
El espectador toma este punto de vista, ya que no imagina que una máquina sea capaz de matar a seres humanos, siendo esta la primera ley creada por Isaac Asimov sobre las leyes de la robótica. Una máquina, sin sentimientos, sin conciencia y sin alma. Pero mientras transcurre la película, el espectador asemeja el problema de la existencia del replicante, sobre todo cuando un cyborg perdona la vida al bladerunner, sabiendo que la muerte de este no alargará su existencia.
Una obra magistral, creo que la única de Ridley Scott (Inglaterra 1937), creador de las taquilleras pero sin argumento Gladiator, El reino de los cielos, Hannibal, etc. Quizás salve de la lista a Thelma y Louise, por ser entretenida, no por otra cosa.
También magistral Harrison Ford (USA 1942), como en tantas otras películas.
2 matices más a comentar: La imagen futura de Los Ángeles, con las chimeneas vomitando fuego y las pantallas en los edificios. Y la música de Vangelis, increíble.
Un saludo.
